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La extrema derecha marchó

Actualizado: 17 oct 2022

Por: Hernán Riaño


Después de algunos días de haberse realizado unas marchas en contra de Gustavo Petro, aunque la presentaron como en contra de las reformas propuestas por el nuevo gobierno, lo que se vio durante ellas fue un rechazo a la persona del Presidente, más que a las propuestas, reformas o proyectos que el actual gobierno quiere implementar para el beneficio de los colombianos.


Lo que vociferaron los pocos manifestantes en las diferentes ciudades fueron frases como “No mas Petro” o “fuera Petro”, como si él fuera el causante de todos los males que acosan al país, sabiendo que es la primera vez que una persona de corrientes diferentes a las que nos han gobernado durante mas de 200 años llega a la primera magistratura. Cuando periodistas alternativos les preguntaban por qué protestaban, no sabían, respondían con evasivas o terminaban leyendo unas frases que, aparentemente alguien les había escrito o que aparecían en volantes con los que habían citado a las manifestaciones.


Algunas respuestas fueron sorprendentes como “no queremos la cédula eléctrica” (1) o “que las EPS funcionan muy bien” o “NO al Ministerio de la igualdad” dejan asombrado a quien medianamente conoce la situación de Colombia y que dejó manifiesta la ignorancia de las propuestas del actual gobierno y como dejó al país Iván Duque. Muchos de los proyectos que cursan en el congreso son promesas de campaña y al haberse establecido oficialmente como programas de gobierno son de obligatorio cumplimiento, ya que el voto es programático, o sea que uno vota por un programa de gobierno determinado para que este lo realice, cumpliendo así con la ley, la persona que ganó.


Otro aspecto que marcó las pocas protestas fue el odio que mostraron las personas que desfilaron en algunas ciudades, los manifestantes atacaron de voz y de hecho a personas que consideraban “petristas” y a comunicadores alternativos que ellos tildaron de “enemigos”. Casos como el de los periodistas de Telemedellín (2), o a Angélica Sánchez, consejera de la bicicleta de la localidad de Teusaquillo en Bogotá, que expulsaron y escupieron porque estaba grabando la marcha (3), o la agresión física a personas y periodistas del canal del congreso en la plaza de Bolívar de la capital (4) son solo unas muestras de los muchos actos de violencia verbal y física con los que manifestantes de extrema derecha dejaron ver su odio y furia. La expresión generalizada era la ofensa a quienes por cualquier motivo estaba cerca u observando la marcha y que ellos o sus dirigentes tacharon de “mamertos delincuentes” y “enemigos de las personas de bien” (5).


Pero las notas que resaltaron por su falta de civilidad, convivencia y que dejaron ver todo el odio que tienen estas personas, fue la de una ciudadana, identificada como Luz Fabiola Rubiano de Fonseca que trató de simio a la vicepresidente Francia Márquez y también afirmó que “todos los negros don ladrones y asesinos” (6). No contenta con esa aseveración, amplía sus incitaciones de odio acervado diciendo que: “a los comunistas hay que darles un tiro en la mula y pa’l río” (7). O la otra señora que afirma que “Carlos Castaño tiene que revivir y que ella va a ser una líder de las autodefensas”, no sin antes atacar y ofender al presidente Petro (8). Pero lo más grave es que estos conceptos son los que conscientemente tienen la gran mayoría de los militantes de la extrema derecha colombiana.


Sin embargo, la gran prensa, afín a todos estos intereses de los manifestantes y que son los que han oprimido al país, expresó que había sido una “marcha pacífica” y se fue en elogios por lo “civilizados que son los uribistas” y los militantes de la extrema derecha. Además, no tuvieron en cuenta la verdad de lo sucedido al mostrar una supuesta multitud, como lo tildó un canal de televisión:


Otros, no contentos con esos halagos expresados por los grandes medios comerciales están impulsando nuevas marchas desde ya, como lo publica uno de los diarios más antiguos, en una nota titulada: “Voceros de la Gran Marcha Nacional (¿Quién le dio ese nombre?) le piden al presidente Petro que los reconozca”, intentando darle legitimidad a los uribistas vergonzantes (9), o la columna de Pablo Felipe Robledo (10), que titula “La primera de mil”, en la que anuncia mil marchas en contra del gobierno (11), un periódico de propiedad de uno de los grupos económicos mas ricos de Colombia. Todos los medios en el país están en su derecho de apoyar o no al presidente Petro, pero valdría la pena, en aras a la objetividad, que los que no, se declararan en oposición y así los colombianos sabríamos su posición abiertamente. Obviamente nunca lo van a admitir y por el contrario seguirán recalcando su neutralidad, independencia y veracidad. Por estos motivos y más es que los colombianos y sobre todo los jóvenes ya no ven en estos medios una opción de información, ya que su tendenciosa inclinación hacia lo que sus propietarios les marcan dejó de ofrecer la confianza que otrora podrían haber tenido.


Hay varias enseñanzas que se deducen de este evento. La primera es la ignorancia y en muchos casos la estupidez que mostraron muchos marchistas, que no sabían por qué salieron ni cuales fueron sus motivos para salir. Además de la pobreza mental, son de una pobreza económica que raya en la miseria, muchos ya lo son y sin embargo hacen lo que sus “esclavistas” les dicen.


Segunda: la manipulación efectiva de la extrema derecha en un sector de población muy pobre y miserable que sigue apoyando a quienes los tienen así.


Tercera el dominio que tiene la extrema derecha sobre ese sector de la población (hacen lo que ellos los ponen a hacer).


Cuarta: el odio, casi enfermizo de los uribistas conscientes contra todo lo que represente progreso, educación, ciencia e ilustración.


Quinta: El paramilitarismo está más vivo que nunca en nuestro país, sostenido e impulsado por el uribismo.


Sexta: La incapacidad y pereza demostrada por varios congresistas, ministros, funcionarios del nuevo gobierno, y sobre todo sus jefes de prensa, para informar y comunicar lo que están haciendo Petro, sus ministros, funcionarios y la bancada del congreso; no saben ni les interesa ser pedagógicos. No han entendido el papel fundamental de la comunicación como arma para enfrentar las mentiras y desinformación de la oposición y sus medios de comunicación, muy poderosos, por cierto, pero no imposible de superar. Muchos de ellos se han dedicado a posar como estrellas, a cazar peleas estériles, a hacer videos insulsos, a trinar cosas intrascendentes y sobre todo, en los casos de los jefes de prensa, en no difundir información, creerse los dueños del personaje, no permitirle llegar a la gente ni a los medios alternativos quienes han demostrado su eficiencia en llegar a la población. Hay, como en todo, valiosas excepciones. En eso las diferencias con los políticos y los medios de comunicación de la extrema derecha son abismales, ellos sí saben para qué es la comunicación y como usarla.


Arduo es el que trabajo tienen tanto políticos, funcionarios y comunicadores, deben asumir con firmeza y compromiso su misión, ya que de ellos depende el éxito o el fracaso del primer gobierno democrático de Colombia. No solo basta con las obras y las realizaciones, que son muy importantes, hay que saber informarlas. Ese es el reto.



Las opiniones expresadas por los columnistas son de su única responsabilidad y no comprometen a www.latinoticias.tv

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