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Los colombianos no tenemos dignidad.

Por: Hernán Riaño

¿Cómo averiguar si uno está vivo o es un muerto viviente?

Habrá que preguntarse hasta que punto soy capaz

de amar y elegir entre la dignidad y la indignidad,

de decir no, de desobedecer.

Capaz de caminar con tus propias piernas,

pensar con tu propia cabeza y sentir con el propio corazón

en lugar de resignarte a pensar lo que te dicen.

Eduardo Galeano  

   

El régimen feudal en el que hemos vivido los colombianos creó un ciudadano totalmente dependiente, servil a los poderosos y que además perdió (o no sé si alguna vez la tuvo), la dignidad que debe tener todo ser humano. Además de pensar, sentir y relacionarse socialmente, el ser humano debe respetarse por el solo hecho de serlo. En eso se basa la sociedad democrática y eso fue lo que intentaron implantar los revolucionarios franceses cuando se “inventaron” los derechos del hombre y la palabra más bella de la democracia: ciudadano(a), que intentó acabar con términos que estigmatizaban a los más pobres: vasallos o siervos de la gleba. Un ser que convive con sus congéneres en igualdad, sin que uno sea esclavizado por el otro.

A Colombia, los derechos del hombre los trajo Antonio Nariño, quien fue perseguido, encarcelado y exiliado por haberlos hecho conocer de los nacientes colombianos, conocidos como los criollos. Él, además, fue periodista y desde su publicación conocida como “La Bagatela”, dio a conocer esos derechos que él pretendía fueran la base de esa naciente revolución.

Pero con el paso del tiempo el país no cambió de régimen, los nuevos dueños de las tierras eran esos criollos que por una u otra razón habían servido al colono español y conocía los intríngulis del manejo del régimen feudal. Las distancias sociales se fueron agrandando y cada vez se fue fortaleciendo más ese sistema económico y político que solo veía autoridad en el terrateniente, que tenía todos los derechos, y los demás colombianos que no tenían ninguno.

La Constitución de 1886, que “reinó” en el país hasta 1.991, era una legalización del feudalismo, solo respetaba los derechos de quienes poseían la tierra y por ende los grandes negocios del país. Por eso, después de entrar en vigencia la del 91, el señor “ex” y sus sucesores la desmontaron, con varias reformas constitucionales, para devolvernos a la del 86 y perpetuar ese dominio. Pero la característica social y humana más sobresaliente era quitarles la dignidad a los colombianos. No permitirle ningún derecho, los pocos que se lograron fue después de varias luchas y varios muertos de parte de los trabajadores colombianos.

Pero, ¿Qué es la dignidad?

El portal “concepto” la describe así: La dignidad humana es el valor que tienen las personas por sí mismas, esto es, por el mero hecho de serlo. No es una condición provista por ninguna persona u organización, sino que es consustancial a la humanidad sin distinción de sexo, raza, religión u orientación sexual, y es además irrenunciable e inalienable, es decir, forma parte siempre de la condición humana misma.

Definición del portal significados.com: La dignidad es una cualidad que indica el respeto y la estima que todos los seres humanos merecen y se afirma de quien posee un nivel de calidad humana irreprochable.

La dignidad es la cualidad de digno que significa valioso, con honor, merecedor.

En el Preámbulo de La Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 habla de la «dignidad intrínseca (…) de todos los miembros de la familia humana», y luego afirma en su primer artículo:

«Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos».

La dignidad humana, por lo tanto, es innata, positiva y fomenta la sensación de plenitud y satisfacción, reforzando la personalidad (1).

La Constitución de 1.991 tiene los siguientes artículos:

Articulo 3°. La soberanía reside exclusiva mente en el pueblo, del cual emana el poder público. El pueblo la ejerce en forma directa o por medio de sus representantes, en los términos que la Constitución establece.

Articulo 5°. El Estado reconoce, sin discriminación alguna, la primacía de los derechos inalienables de la persona y ampara a la familia como institución básica de la sociedad.

Articulo 7°. El Estado reconoce y protege la diversidad étnica y cultural de la nación colombiana.

Y del artículo 11 al 41 en el Título II Capítulo 1 titulado “De los derechos fundamentales”, se concreta todo lo que debe hacer el Estado y los funcionarios públicos para respetar la dignidad del ciudadano. Muy claro, pero ¿usted es consciente de que en Colombia le irrespetan su dignidad?

Veamos; los terratenientes, sus grupos económicos y sus políticos, históricamente, han atentado siempre contra la dignidad de los ciudadanos, lo que pasa es que no vemos la relación del concepto con la realidad de nuestra nación. Cuando Gaviria y Uribe empezaron y sus sucesores continuaron, desmontando y acabando los derechos de los colombianos como la salud, las pensiones, las garantías laborales, estaban atentando contra la dignidad de los colombianos. Además, nos convencieron de que esos derechos estaban perjudicando el desarrollo del país, y que todos los que gozábamos de esos derechos éramos los enemigos de Colombia. En este tenebroso plan de convencimiento utilizaron muy eficientemente sus medios de comunicación con sus periodistas lacayos que a diario repetían esas falacias y las disfrazaban de verdad.

A diario los funcionarios “públicos”, que son pagados con nuestros impuestos, que deben y tienen que cumplir con unas funciones específicas (por eso el nombre del cargo), se creen “gamonalitos” y tratan al ciudadano de la peor manera atentando contra su dignidad. Los demoran, no les resuelven los problemas, los hacen ir una y otra vez a hacer cualquier diligencia, que es obligación del funcionario resolver, pero no les importa el ciudadano ni mucho menos respetarlo.

Ni que decir de los altos cargos del Estado, como en el Congreso de la República; ahí sí, ¿quién dijo miedo?, se creen los manda callar, a los que no se les puede ni dirigir la palabra porque están por encima de los demás colombianos. Se supone que son elegidos para defender a quienes votaron por ellos y estar a su servicio y no al revés.

El último episodio protagonizado por el presidente del Senado, Iván Name, quien está acusado de varios supuestos delitos cometidos contra los mismos ciudadanos, como la compra de votos, y además obrando en un estado que parecía de alicoramiento, repito, parecía, por sus extrañas actitudes, su voz y sus movimientos, decidió unilateralmente, dizque como una moción de protesta al presidente, acabar el debate de la reforma pensional, atentando contra la dignidad de toda Colombia y sus ciudadanos, solo para evitar la discusión y seguir defendiendo a los dueños de los fondos de pensiones. Ya se supo que esa suspensión de sesiones solo duró dos minutos, solo pretendía sabotear el debate, haciéndole el favor a los dueños de los fondos privados (3). De ese tamaño es la forma como nos tratan. Y lo mas grave, ¡nos dejamos! En otro episodio anterior, la senadora Paloma Valencia propuso dividir el departamento del Cauca entre “blancos” e indígenas. Sin comentarios (4). Esto es solo una muestra de las ofensas y atentados contra la dignidad que a diario debemos padecer los colombianos.

El momento en el que más se ve la falta de respeto a la dignidad de los colombianos y a la falta de hacerla respetar por los mismos ciudadanos es cuando el politiquero de turno ofrece dinero por el voto. Muchos ciudadanos venden no solo el voto sino la misma dignidad por unos pocos pesos y de paso, atentan contra el futuro de sus hijos  

Por eso el colombiano uribista, que no respeta nada ni a nadie, saca su arma de fuego cuando le viene en gana, amenazando a todo el que se aparezca o, diciendo la famosa frase: “¿es que usted no sabe quien soy yo?”, para mostrar que es superior al otro.

De usted, (y me refiero a quien apoya al imputado o a quien ataca al progresista), que se deja pisotear, arrastrar, insultar y además vive contento son ese trato, son responsables de la actual situación. Algunos, sobre todo los jóvenes han levantado la bandera de la dignidad para cambiar a Colombia y por ello esos mismos que no la tienen y ni siquiera saben qué es eso; los atacan, estigmatizan y los matan. No debemos permitir que eso siga pasando, y si usted quiere seguir defendiendo a quien le quitó su dignidad, solo tiene un destino histórico, hundirse como lo está haciendo el “ex”.  

Las opiniones de los columnistas son de su exclusiva responsabilidad.  Les invitamos a leer, comentar, compartir y a debatir con respeto.


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