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  • nipa61

La nueva moneda latinoamericana llevaría por nombre La Uribe

Por: Germán Navas Talero y Pablo Ceballos Navas


No prometáis jamás lo que no podéis cumplir.

Un político correcto es aquel que es capaz de anticipar qué va a hacer y qué no; y que no olvida que la opinión pública está compuesta por un jurgo de equivocados.

Cuando decimos ‘frescos’ no nos referimos a los de Velázquez o a los de Goya ni a los de Miguel Ángel o Murillo, hablamos de aquellos individuos que no les da pena decir mentiras en público. ¿Cree usted que puede haber alguien más ‘fresco’ que Íngrid Betancourt, quien se apareció de nuevo por Bogotá con el único y exclusivo propósito de reclamar lo que a su unipersonal partido le corresponde por reposición de votos? En su partido, como en todas las actividades egoístas, solo importa el yo con yo y, ocasionalmente, la suerte de su sobrina Anastasia. Hubo también oportunidad para mojar letras de molde, pues cada vez que la señora pisa territorio colombiano aparece algún periodista –desocupado, nos atrevemos a decir– que le pide entrevista y le consulta, como si ella se tratara de una experta en la materia, sobre la actualidad política nacional. Hoy podemos decir que hay un empate de tres entre Íngrid Betancourt, Enrique Peñalosa y Gabriel Goyeneche, por el récord de mayor número de candidaturas a la Presidencia de la República.


Si de personas buscando ser noticia mencionamos a Íngrid, en esa competencia no puede pasar desapercibida Claudia López. Por estos días resolvió pelear con la Rama Judicial y –como era obvio, pues los jueces no son mudos– ya le contestaron. Hermes Lara, presidente de una asociación de jueces, sostuvo que este es un show de la alcaldesa para desprestigiar a la Justicia, con estadísticas falsas ante la total inseguridad de la ciudad que gobierna. Coincidimos con el doctor Lara, pues la señora López podrá ser experta en ciclismo, pero no tiene los conocimientos para echar pestes de los jueces. Hasta donde sabemos ella ha pasado por las facultades de Derecho, pero no ha entrado. Si Bogotá es insegura es por una deficiente planeación de su vigilancia; una mala distribución de su policía; entre otros muchos aspectos que son del resorte de la señora alcaldesa y no de los jueces y magistrados como ella pretende hacerlo ver.


Ja, ja, ja, ja. Con esto que les vamos a contar tenemos para reírnos esta semana y por cinco años más. Ridícula es la campaña que está haciendo la Alcaldía de Bogotá con el propósito de descongestionar los patios de tránsito. Esos lugares –que bien podrían llamarse ‘deshuesaderos oficiales’– están a reventar, porque las autoridades de tráfico llevan allí cualquier vehículo que se cruzan; incluso cuando la norma o las circunstancias de hecho no los facultan para hacerlo. Si no quieren que se llenen… ¡pues fácil!, no se lleven todos los carros para allá. Eduquen a los policías para que apliquen la ley bajo criterios de razonabilidad y estricta legalidad. Nos parece injusto y por demás desproporcionado que priven a un trabajador de bajos ingresos de su vehículo y le obliguen a pagar el altísimo costo del comparendo, la tarifa de la grúa y el valor del parqueadero para poder recuperarlo. No son exiguas las veces en las cuales resulta más conveniente para el propietario perder su carro dejándolo en los patios que pagar para sacarlo.


En Colombia los alcaldes se jactan de decir que en una semana pusieron tal cantidad de comparendos, cuando lo ideal sería que en una semana no hubiere necesidad de imponer ni uno solo. Es probable que nunca escuchemos una expresión de este tenor en boca de un alcalde o de cualquier funcionario público, pues aquí se gobierna mediante actos de fuerza. Sabemos que detrás de cada grúa y de la entrada a los patios hay un buen negocio. En un acto de contención de corazón para que valga el arrepentimiento, ¿por qué no nos cuentan el CVU –que se distingue del CVY, por cuanto se refiere a “¿cómo va usted?”– en esto de los carritos en los patios? Como en los juicios de Dios, solo su confesión es aceptable y debe darse aquí, en esta columna.


–Cambiando de tema– Debemos admirar la solidaridad caribeña de los barranquilleros, pues hubo cipote fiesta en una mansión de un lujoso barrio de Puerto Colombia –con tiroteo incluido– de la cual poco se sabe y muchísimo menos de sus asistentes. Y decimos solidaridad porque, siendo un evento tan chévere –con gente in, inclusive algunos paracos– al cual solo se podía llegar en carros de estrellitas (Mercedes-Benz), tres letras (BMW) y en blindadas, parece que nadie sacó su cámara para contarnos quiénes eran los ilustres invitados –entre ellos funcionarios públicos– que estaban sentados a manteles departiendo con los portadores de ‘ta ta ta ta’. Es tal el silencio, que ni los sapitos del fiscal han logrado averiguar quiénes acudieron a esta fiesta de triquitraques. Se sabe que todo el mundo sabe, pero nadie sabe quiénes saben lo que saben. Si alguno de ustedes sabe algo, cuéntenoslo y lo trataremos con extrema reserva, ¿quién quita que haya amigos de Char leyendo estas líneas? Hasta entonces, el ‘shhhh’ es total.


Por otro lado, seguimos en ascuas, corriendo apuestas sobre el destino de Polo Polo. Como una verdadera película de suspenso se ha cubierto el trámite de las acciones contra la designación de este señor como Representante de las comunidades afro. En los celulares, por mensajes y tuits se leen titulares del tenor de “se suspende a Polo Polo”, “Polo Polo sería suspendido en próximas horas”, o “lista la medida de suspensión contra Polo Polo”. Mientras se especula en redes sociales, la opinión pública permanece dividida, aunque hay consenso entre afros e indígenas respecto de que Polo Polo no es de ninguno de los dos. Al Representante le sugerimos –como a todos los sometidos al juicio de Dios– que confiese y afirme bajo gravedad de juramento con qué grupo étnico se identifica, haciendo la precisión de que no vale la respuesta más fácil –que es la que ya ha dado–, y es que pertenece a ambos.


Y, dado que estamos escasos de ‘verdes’, o sea, de dólares, nos parece chévere la propuesta de algunos políticos con conocimientos en economía que sugieren la creación de una divisa latinoamericana. Algo parecido al Euro, que sirviera para pagar un churrasco; una empanada chilena; un bife de pobre; una buena cazuela de mariscos en Callao; unas papas quiteñas; unas hallacas venezolanas o –ante la falta de imaginación– una bandeja paisa, sin necesidad de pasar antes por una casa de cambio o de tener que recurrir a un pago en dólares con la tarjeta, lo cual sale carísimo. ¿Que cómo la bautizarán? Esperamos que en el concurso no aparezcan los mismos términos manidos de “bolívar”, “sucre” o “peso”, sino que surja un nombre nuevo que unifique el sentir regional. Si esta propuesta llega a materializarse, no tendríamos que estar coleccionando billetes estadounidenses o europeos y estaríamos menos expuestos a las vicisitudes que sus emisores puedan sufrir como consecuencia de asuntos internos. Por ahí murmuran que algunos ‘sabios’ del Centro Democrático –como Macías y Mejía– han propuesto bautizar a la nueva moneda como ‘La Uribe’; craso error, teniendo en cuenta que la nueva moneda nacería muy devaluada, debido a su propio nombre.


Nuestra coletilla de esta semana nos la envía el ex-fiscal general y ex-magistrado de la Corte Constitucional, Eduardo Montealegre Lynett: “Dos lineamientos de política pública, lanzados recientemente por el presidente Petro, lo ubican en debates contemporáneos de la economía y la filosofía. Entender el desarrollo económico como un concepto ligado a las libertades y a la igualdad en el acceso a la educación de alta calidad es una postura ligada a Amartya Sen –premio Nobel de economía de origen indio– quien desligó el desarrollo del crecimiento económico y lo vinculó al ejercicio real de los derechos fundamentales y sociales. Diseñar la paz, sobre la base de diálogos regionales directos, está inspirado en la democracia deliberativa y en el rescate de la argumentación pública, propia de la filosofía de Jürgen Habermas. Aplauso para Petro: más discurso y argumentación, menos populismo.”


Adenda: Supimos que por estos días se emite por televisión nacional la historia de la reconocida artista Débora Arango. Afortunadamente esta retrospectiva no se emite por el canal TeleAmiga, pues de haber sido así, la Decana de la facultad de Derecho de la universidad La Gran Colombia se habría asegurado de censurarla. Muy seguramente, para ella, la gran Débora solo se estaría tratando de lucrar con cuerpos ‘en bola’.


¡Hasta la próxima semana, apreciados lectores!


Las opiniones expresadas por los columnistas son de su única responsabilidad y no comprometen a www.latinoticias.tv



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